Melo García es sanjuanino y, aunque actualmente está al frente de un emprendimiento que combina producción cervecera, gastronomía y una propuesta comercial, sus primeros pasos estuvieron muy lejos de la industria de la cerveza. Después de terminar sus estudios, se fue a vivir a Mar del Plata por trabajo. Allí, casi por casualidad, entró en contacto con el mundo de la cerveza artesanal. El encuentro con el dueño de Antares, la  reconocida cervecería de esa ciudad fue determinante. “Me invitó a su bar, que era un bar de cerveza. Yo no entendía nada. Me dijo: ‘Hago mi propia cerveza y la vendo en mi propio bar’. Fui una noche y me encantó toda la movida de la cerveza artesanal”, recordó. A su regreso a San Juan comenzó a investigar y capacitarse por su cuenta. En una época en la que el movimiento cervecero artesanal todavía estaba creciendo en Argentina, internet, los viajes y el contacto con otros productores fueron sus principales herramientas de aprendizaje. Las primeras cervezas las hizo en la casa de su madre, en una habitación de apenas 3 por 3 metros. Allí instaló un pequeño equipo con capacidad para producir 20 litros y convirtió el lugar en una suerte de laboratorio. El comienzo estuvo lejos de ser perfecto. “Las primeras y muchas de las primeras no me salían bien. Las tenía que tirar”, contó entre risas. Cada elaboración podía demandar entre 20 y 30 días antes de estar lista para ser probada, por lo que cada error significaba tiempo, ingredientes y dinero perdidos. Pero también significaba aprendizaje. Melo comenzó a viajar a Mendoza y a otros puntos del país para cocinar junto a otros cerveceros. Esa posibilidad de compartir experiencias y conocimientos le permitió detectar errores, mejorar sus recetas y comprender que, para crecer, también era necesario rodearse de personas que compartieran la misma pasión. Un socio para una “locura” Aunque el proyecto comenzó en soledad, Melo tenía claro que quería compartirlo con alguien. Fue entonces cuando apareció Sebastián, su socio hasta el día de hoy. Antes de invitarlo, Melo incluso hizo una suerte de “análisis” entre sus amigos para determinar quién tenía las características necesarias para acompañarlo en semejante aventura. No buscaba solamente un amigo. Necesitaba alguien dispuesto a viajar, aprender, trabajar, ensuciarse las manos y dedicarle tiempo a un proyecto que, en ese momento, consistía en hacer apenas 20 litros de cerveza. Sebastián aceptó. “Se enganchó y creyó en el proyecto porque, imaginate, era nada. Hacía 20 litros de cerveza y encima no me salía muy bien”, recordó Melo. Así nació Ancestral. Los primeros pasos comerciales fueron en un pequeño espacio ubicado en la esquina de Chile y Tucumán. Allí montaron su primera fábrica, de unos 70 metros cuadrados, y comenzaron vendiendo cerveza principalmente en barriles. Una estrategia que terminó siendo clave para dar a conocer la marca fue justamente apostar por los barriles en lugar de las botellas. “Vendimos el primer barril a un cumpleaños de un conocido. Para que todo San Juan te conociera era complicado. Entonces dijimos: ‘Vendamos barriles’. Lo llevás a un cumpleaños y capaz que hay 20 o 30 personas que la consumen y ya te conocen”, explicó. El boca en boca comenzó a funcionar y el emprendimiento fue creciendo. Del pequeño espacio inicial pasaron a un galpón más grande, también en la zona, que transformaron en fábrica. Desde allí empezaron a vender no solamente en San Juan sino también en otras provincias. Antes de la pandemia, Ancestral llegó a comercializar sus cervezas en seis o siete provincias. La pandemia, sin embargo, puso a prueba todo lo construido. Cuando el emprendimiento estuvo al borde del abismo La crisis sanitaria encontró a Ancestral en pleno crecimiento. La empresa hacía poco tiempo se había instalado en calle España y todavía no había terminado de consolidar su propuesta gastronómica. Con los bares cerrados y los clientes sin posibilidad de pagar, la cadena de pagos se cortó. “Casi nos fundimos”, reconoció Melo. La salida fue negociar. Hablar con proveedores, explicar la situación y pedir tiempo. “Les dijimos: ‘Les vamos a pagar a todos, pero van a tener que tener paciencia’. De a poquito fuimos pagando todas las deudas”, relató. Esa experiencia también terminó siendo un aprendizaje para la nueva etapa de la empresa. El crecimiento de Ancestral llevó a Melo y a su socio a apostar por otro  proyecto  “el Mercadito” El crecimiento de Ancestral llevó a Melo y a Sebastián a pensar en nuevos formatos. La idea de crear un mercado surgió a partir de un proyecto de franquicia y del contacto con arquitectos especializados en gastronomía. Cuando apareció la posibilidad de alquilar un espacio sobre avenida Libertador, inicialmente pensaron solamente en utilizar una casa. Pero el proyecto terminó creciendo. “Como emprendedor muchas veces te mandás y después pensás en las consecuencias. Uno lo hace con tanta pasión que tenés que salir para adelante”, explicó Melo. El lugar necesitó una enorme transformación. Lo que había sido prácticamente un terreno baldío terminó convertido en un espacio gastronómico y comercial que integra la propuesta de Ancestral con productos de otros emprendedores sanjuaninos. Vinos locales, embutidos, productos regionales y diferentes propuestas conviven en el espacio. La obra llevó alrededor de un año y medio y significó un desafío económico importante. Por primera vez, los socios tuvieron que recurrir al crédito. “Siempre Ancestral lo hemos hecho con fondos propios. Con el Mercadito no nos quedó otra”, explicó. Tomaron dos préstamos y recibieron también ayuda de personas cercanas. Terminar la obra significó, para Melo, una sensación de alivio enorme. “Parecía mentira que habíamos terminado porque en un momento era inalcanzable”, recordó. Hoy, a un año de la inauguración, el Mercadito se convirtió en una parte importante de la propuesta de la empresa. “Tenemos casi 90 personas trabajando” El emprendimiento que comenzó con dos personas y un equipo casero de 20 litros hoy tiene una dimensión completamente diferente. Entre la fábrica y los dos locales, Ancestral cuenta actualmente con alrededor de 80 a 90 trabajadores. Ese crecimiento, admite Melo, también trae nuevas responsabilidades. “La gastronomía es complicada. Tenés proveedores, empleados... algo que era tan chiquito, que empezábamos dos, ahora tener tanta gente te va agobiando. Pero forma parte del juego, forma parte del crecimiento”, sostuvo. Melo reconoce que el consumo gastronómico se redujo en el último tiempo, aunque destaca que sus locales continúan teniendo el acompañamiento del público. Para él, además, el desafío no pasa solamente por ofrecer buena comida o cerveza. “Nosotros decimos que el lugar es una experiencia. Tenés que pensar en la iluminación, la música, la propuesta artística y cultural. Todo el tiempo estás tratando de hacer cosas y mejorar el servicio”, explicó. La cerveza como pasión Aunque su rol dentro de la empresa abarca cuestiones administrativas y de producción, hay una parte del negocio que Melo todavía disfruta especialmente: hacer cerveza. Actualmente Ancestral cuenta con alrededor de 12 o 13 variedades y mantiene una línea estable de productos, pero también desarrolla ediciones especiales. Melo participa especialmente en la creación de nuevas recetas. “Eso me sigue encantando. Desarrollar cervezas nuevas es muy lindo”, afirmó. Entre las propuestas se encuentra Bonus Track, una edición limitada vinculada a la música y a los artistas sanjuaninos. Las latas incluyen un código QR que permite acceder a contenido relacionado con músicos de la provincia. La posibilidad de experimentar es, justamente, uno de los aspectos que más lo atraen del mundo cervecero. “Hay más de 100 estilos registrados. Podés hacer siempre cosas diferentes”, explicó. Y aunque el proyecto empresarial creció enormemente, Melo asegura que todavía siente que la cerveza es, en cierta manera, un “gran hobby”. “Para mí sigue siendo un hobby grande. El mundo de la cerveza es apasionante y no me imagino haciendo otra cosa”, confesó. De gerente de una clínica de ojos a empresario cervecero Quizás uno de los aspectos más llamativos de su historia sea que la cerveza comenzó mientras Melo desarrollaba una carrera profesional completamente diferente. Durante alrededor de siete u ocho años fue gerente de una clínica de ojos. La transición no fue inmediata. Durante un tiempo mantuvo ambas actividades en paralelo hasta que, poco a poco, el emprendimiento fue ocupando cada vez más espacio. Esa experiencia es justamente la que hoy utiliza cuando habla de emprender. Su primer consejo es no pretender vivir del emprendimiento desde el primer día. “Al principio no podés pensar en vivir del proyecto tan rápido. Tenés que tener otro ingreso, porque al principio es todo muy lento y es cuando más tenés que invertir”, señaló. El segundo consejo tiene que ver con la dedicación y la pasión. “Es muy importante que te guste lo que hacés. La pasión por lo que hacés es muy importante”, sostuvo. Y hay un tercer elemento que atraviesa toda su historia: la perseverancia. Porque detrás de la empresa que hoy conocen los consumidores hubo errores, crisis, préstamos, obras que parecían interminables y momentos en los que elLa historia parece proyecto estuvo cerca de desaparecer. Una nueva generación que empieza a hacer cerveza La historia parece comenzar a repetirse dentro de su propia familia. El hijo mayor de Melo ya trabaja en el área de producción de Ancestral. Y el menor, de 18 años, comenzó recientemente a elaborar cerveza junto a dos amigos. Lo curioso es que están utilizando aquel primer equipo de 20 litros con el que su padre comenzó en la habitación de la casa de su madre. Melo decidió contarles a los jóvenes toda su experiencia antes de que avanzaran: lo bueno, lo malo, las crisis y las dificultades. “No quiero que crean que todo es tan fácil”, explicó. Hoy sus hijos están experimentando con la elaboración y aprendiendo sus primeros pasos. La escena tiene algo de círculo que se cierra: aquel pequeño equipo que alguna vez representó el comienzo de una aventura empresarial vuelve a ponerse en funcionamiento, pero esta vez en manos de una nueva generación. Una historia que todavía se está escribiendo De aquella habitación de 3x3 metros a una empresa con fábrica, dos locales, decenas de trabajadores y un modelo de franquicias listo para expandirse, el recorrido de Melo García tiene algo más que una historia de crecimiento empresarial. Tiene una historia de transformación. El hombre que durante años fue gerente de una clínica de ojos terminó encontrando en la cerveza artesanal una pasión capaz de convertirse en profesión. Y junto a su socio Sebastián construyó una marca que hoy busca nuevas oportunidades de expansión, incluso fuera de San Juan. Ancestral ya tiene desarrollado su modelo de franquicia y, según contó Melo, existen interesados en abrir locales en otras provincias. El esquema apunta a que los franquiciados desarrollen el negocio gastronómico bajo los lineamientos de la marca, mientras Ancestral mantiene como principal vínculo comercial el abastecimiento de cerveza. Por ahora, sin embargo, Melo prefiere tomarse un tiempo para acomodar todo lo construido. Después de tantos años de crecimiento, crisis y nuevos desafíos, quizás el próximo gran objetivo sea simplemente seguir haciendo aquello que comenzó como un hobby. “El desafío es hacer lo que me gusta. Eso es lo más lindo y lo que no quiero dejar de hacer.” Link de la nota: