Viernes 01.07.2022
Actualizado hace 10min.

Fue condenado a 23 años de prisión por abusar de su dos hijas

La pena fue impuesta a un hombre de 67 años, que violó y sometió a sus hijas hace más de 25 años.

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Este viernes, un hombre de 67 años fue condenado a 23 años de prisión por abusar sexulamente de su hija y de su hijastra cuando ambas eran niñas. Las víctimas tienen 42 y 46 años respectivamente y denunciaron a su padre tras más de 25 años de los sometimientos que sufrieron.

El juez Martín Heredia Zaldo resolvió ayer que los dos casos de abuso y violación, no prescribieron, porque las víctimas de delitos sexuales merecen una "efectiva tutela judicial", más allá de los tiempos procesales. Así, el magistrado compartió el planteo de la fiscal Marcela Torres, que buscaba un castigo de 25 años.

El abogado defensor del imputado, Marcelo Salinas, pedirá la revisión del fallo ya que argumenta que el juez debía sobreseer a su defendido por prescripción de la acción penal, es decir porque se habían vencido los plazos para investigar y condenar, teniendo en cuenta que las nuevas leyes para no considerar prescriptos los delitos sexuales estaban vigentes desde 2011 y que no alcanzaban a esos episodios ocurridos mucho tiempo atrás de esa fecha. Por lo tanto, durante el proceso penal, invocó la aplicación de la ley penal más benigna a favor del jubilado, o sea, aquella que sí considera prescriptos esos hechos.

Los episodios fueron denunciados el 20 de julio de 2020. Entonces su hija había decidido contarles a sus hermanos sobre lo que le hacía su papá, manoseándola cuando tenía 6 años y estaba ebrio, violándola entre los 12 y los 13, y manoseándola luego hasta antes de cumplir 15 años. Esa vez habló porque tenía muchas dificultades en la intimidad con su pareja (de quien luego se separó) y recibía tratamiento psicológico.

Cuando ella habló, su hermana por parte de madre también rompió el silencio y dijo que a ella la manoseó desde los 8 hasta los 11, y que desde los 11 a los 13 la violó muchas veces. Los ataques pararon cuando su mamá decidió mandarla a vivir con su abuela.

La investigación encarada entonces puso al descubierto la conducta machista y violenta del jubilado, con sus hijos y su propia esposa, que resultaba golpeada cada vez que lo reprendía cuando lo sorprendía manoseando a su hija. Las pericias psicológicas permitieron saber, además, que las mujeres no mentían y que la hija del acusado había sido la más dañada en su salud mental, con ataques de pánico, llantos repentinos, cuadros depresivos, continuas pesadillas, entre otras secuelas.